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Al día siguiente es fácil ser profeta

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En base a nuestras decisiones, algunas correctas y otras no tanto, llegamos a inicios de este nuevo año, con la ilusión de que podremos conseguir mejores resultados, deseándonos prosperidad unos a otros, sin embargo, además de recibir buenos deseos tenemos que actuar en consecuencia para hacer frente al saldo de deudas y compromisos asumidos el año anterior.

Foto: Getty

Desde el presente miramos el pasado con ideas más claras, visualizando el contexto de manera distinta y encontramos alternativas que quizás en el momento del inconveniente o de la situación, no se nos ocurrieron o no eran las más apropiadas

Cambiemos la mirada

Cada vez que tomamos una decisión, pensamos que es la mejor que en ese momento y dadas esas circunstancias podemos tomar y será solo después, cuando nos encontremos con los resultados de las mismas.

Es fácil criticar y señalar al que se ha equivocado, especialmente cuando las consecuencias de las decisiones tomadas son evidentes. Cuando se trata de cuestiones financieras, todos los amigos y parientes tienen alguna inteligente y mejor idea de la que el individuo en cuestión, hubiera hecho o dejado de hacer. Ser profeta del día después es muy fácil, pero decidir mirando hacia adelante es más complicado y necesitamos diseñar estrategias.

No hay nada del pasado que pueda ser cambiado, quejarnos o encontrar el lamento como consuelo, generalmente solo ayuda a que sigamos empantanados en sus consecuencias. Sin embargo, podríamos mirar el pasado para aprender de sus lecciones.

El aprendizaje es una actividad dinámica que surge desde la voluntad de querer introducir cambios para lograr resultados distintos. Esto es imposible hacerlo desde la posición de que otro sea el culpable de las circunstancias en la que nos encontramos. Pues si la culpa es del Gobierno, o de la Inflación, del Jefe, o de lo que nos pasó (un accidente, el vecindario o la familia en la que crecimos, o un despido por ejemplo), entonces no hay nada que podamos hacer para evitar seguir en la misma situación, al fin y al cabo somos víctimas de la injusta vida.

En cambio, si la actitud personal es de llegar a una meta, entonces las circunstancias son parte del paisaje y en lugar de convertirse en obstáculos culpables de lo que nos pasa, se convierten en desafíos a vencer para alcanzar el objetivo.

A planificar el camino

Pero no es sencillo ampliar la mirada, es un ejercicio personal y familiar. Supongamos un ejemplo que podrá ilustrarnos sobre la estructura que necesitamos desarrollar para cambiar nuestros hábitos de toma de decisiones financieras.

Una familia conformada por Mario (47), María (45), Angélica (22), Pablo (18) y Marcos (14), están viviendo con los ingresos generados por Mario quien es taxista y María quien trabaja en una farmacia. Sus hijos están estudiando. Actualmente pagan correctamente en tiempo y forma sus obligaciones, pero no les resta nada para ahorrar y si bien les preocupa su jubilación, también han empezado algunos achaques propios de la edad, pero de estos temas no hablan con sus hijos, pues siempre tuvieron en claro que lo más importante es que ellos puedan estudiar y no quieren cargarles con la preocupación del dinero, al fin y al cabo, mantener la casa es responsabilidad de los padres.

Sin embargo, Angélica está estudiando derecho y este semestre dejó varias materias para rendir en la segunda llamada lo que implica más gastos por exámenes extraordinarios y Pablo terminó el colegio pero aún no sabe que quiere estudiar y está evaluando ir a clases de idiomas este año mientras decide que carrera seguir.

La actitud de sus dos hijos mayores, sumada a la de Marcos que en las vacaciones ha decidido dormir hasta el mediodía, les indica a Mario y María que la claridad en que el estudio es la prioridad sólo la tienen ellos. Sus hijos se están comportando como si no tuvieran ninguna responsabilidad en el hogar, o como si no se dieran cuenta que a sus padres mantener la calidad de vida les implica una carga pesada, que los años pasan y no podrán por mucho tiempo más sostener el ritmo de trabajo actual.

Entonces, con el caso expuesto, veamos el proceso para aprender del pasado, ampliar la mirada y planificar el camino hacia las metas. En primer lugar necesitamos identificar cual sería la meta superior que pueda ser compartida en familia, para alcanzar esos objetivos cuales serían las prioridades y que todos estén de acuerdo con hacer su parte para que ello se cumpla.

Siempre habrá circunstancias que nos afecten, algunas serán externas y otras son generadas por los miembros dentro de la propia familia. Estas situaciones podrían implicar un retraso o un cambio temporal de las prioridades, pero con un esfuerzo adicional deberíamos regresar al camino de alcanzar la meta superior. En el cuadro Número 1 se puede observar el esquema de análisis y aplicación. En el cuadro Número 2 el esquema aplicado al caso de Mario y María.

Foto: Hablando de dinero

No es sencillo desarrollar nuevos hábitos, ni siquiera los personales aunque estemos convencidos de la necesidad del cambio, el gimnasio o la dieta son ejemplos típicos para muchas personas.

Más difícil aún es cambiar los hábitos de toda la familia, pero cuando la meta es importante vale la pena hacerlo. Para lograrlo deben desarrollarse habilidades que también nos ayudan a alcanzar objetivos que no son financieros solamente y que traen muchos beneficios adicionales a la familia. Feliz año para todos, que se cumplan tus metas en cada área de tu vida. Sigamos Hablando de Dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

Econ. Gloria Ayala Person

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