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Cocodrilo que se duerme amanece billetera

8 mar 2016
14h41
actualizado a las 14h42
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“¡Esta empresa la abrí hace 30 años, éramos dos personas, ahora hay 120 colaboradores, me pasé la vida trabajando para lograr lo que hoy es una empresa exitosa, jamás quite dividendos y mi salario siempre fue modesto porque lo importante era reinvertir las utilidades para hacer crecer éste negocio para la familia! y ¿ahora ustedes quieren venir a decirme como se deben hacer las cosas?”

Foto: iStockphoto

Este tipo de expresiones las escucho una y otra vez en las empresas familiares, el fundador, que ha entregado su tiempo, sus energías y su esfuerzo diario, se siente desplazado por los hijos que quieren cambiar todo sin respetar su experiencia. También la escucho al revés, cuando ninguno de los hijos está dispuesto a asumir con responsabilidad el trabajo (o quizás no en la medida en la que el fundador cree que deben hacerlo) y por lo tanto nunca es un buen momento para retirarse de la empresa.

Siempre se hizo así

Probablemente, sea la peor excusa para seguir haciendo las mismas cosas o haciendo lo que hacemos de la misma forma, sin embargo, es un clásico en las empresas, es como decir, si funciona no lo cambies. Esta es la estrategia perfecta para que la empresa vaya directo al precipicio.

Resulta que lo único constante es el cambio, cambia el mercado, los clientes, los proveedores, los productos, los servicios, las necesidades, los gustos, la tecnología, la cultura, las tradiciones o costumbres, hasta el clima en las épocas del año, entonces, ¿cómo pretendemos que la empresa pueda subsistir sin adecuarse a los cambios?

Los padres o criamos hijos capacitados y capaces, o criamos inútiles que no deciden nada por sí mismos, pero no podemos criar hijos exitosos en estructuras organizacionales que no les permitan espacios de mejora. Quizás sea el motivo por el cual las grandes empresas familiares de antes son las tumbas organizacionales de hoy día, el fundador pudo desarrollar sus propias capacidades dando oportunidades a su empresa, pero actualmente le cuesta dar un paso al costado y confiar en que los herederos tomaran correctamente las decisiones.

Amarrarse a la silla de dueño de la empresa puede darse por falta de confianza en la capacidad de gestión de la nueva generación, o por no ser capaces de reconocer que ya no son la mejor opción para su propia empresa y que seguir con la lapicera perjudica más de lo que aporta.

La falta de confianza, puede deberse a alguno de los siguientes motivos:

a) No se les ha capacitado en la gestión empresarial desde que eran jóvenes , no han recorrido con pasantías las diferentes áreas de la empresa, no han trabajado fuera de la empresa familiar, o no se han capacitado adecuadamente para poder ejercer los roles y funciones que precisa la empresa. En otras palabras, criamos principitos y ahora no tenemos gerentes con las mangas remangadas ni interesados en aprender.

b) El dueño no ha dado el paso para convertirse en director , entonces si no se hace como él lo hubiera hecho, está mal. Comprender que el otro (no importa quién sea) jamás lo hará igual que si lo hiciera uno mismo es fundamental, capaz lo hará mejor, pero nunca igual. Aceptar que pueden alcanzarse las metas y cumplirse los objetivos, desarrollando las funciones y tareas de una manera distinta, es clave para empezar a delegar y para otorgar autoridad al otro.

c) No es el empresario quien los juzga , sino el papá que conoce las travesuras y las veces que han sido desobedientes o irresponsables con sus tareas en la casa, mira a sus hijos y no logra ver a adultos capaces, pues ante sus ojos siguen siendo niños que están bajo su cuidado y siente la obligación de estar presente eternamente para guiarlos y formarlos.

La incapacidad de dar un paso al costado, puede deberse a varios factores:

a) Sentimientos encontrados . Reconocer que es hora de cambiar de camino es difícil para todos, significa asumir que la propia meta ya es otra, ¿Y cuál es?, ya no será apuntalar la empresa, ¨ ¿Acaso debo prepararme para morir? Sigo vivo y con muchas ideas, ustedes me ven anciano, no respetan lo realizado y quieren cambiar todo lo andado como si no hubieran disfrutado del resultado de mi esfuerzo¨. Es una mezcla de temor a lo desconocido, de sensación de injusticia, falta de reconocimiento y valoración personal. Como si fuera una máquina de escribir que en otra época fue útil y ahora es cambiada por una computadora por ser más ágil y eficiente.

b) Anestesiado. ¨Entiendo todo, estoy de acuerdo, racionalmente lo acepto, pero no puedo moverme, estoy como adormecido, no sé por dónde empezar, que debo hacer primero¨. Es más fácil profesionalizar la empresa que a la familia, una vez que se cuente con metas claras y un plan de acción, será más sencillo iniciar el camino.

c) Decepción. Debe ser una de las peores sensaciones, especialmente cuando son los hijos quienes despiertan la misma en los padres. Ahora bien, la decepción no es responsabilidad de los hijos, porque las expectativas son individuales y personales, los demás no pueden ni deben hacerse cargo de mis expectativas. Cuando la realidad supera las mismas, sentimos satisfacción e incluso orgullo, pero cuando los resultados no son los esperados, se genera insatisfacción y frustración, sentimientos que intentamos evitar, por ello en ocasiones, preferimos no enfrentar la situación y seguir asumiendo el trabajo que ya debería ser ajeno.

d) Mantenerse activo. Desarrollar la rutina durante décadas, de levantarse para ir a trabajar y acostarse con el estrés de los pendientes y obligaciones, sentir que las 24 horas nunca son suficientes para todo lo que hay que hacer, tener una meta de ventas que alcanzar para poder hacer frente a los compromisos. Todo esto conlleva a una adrenalina que nos mantiene vivos, “¿Qué se supone que debo hacer cuando deje de venir a la empresa?” Es interesante evaluar la opción de encontrar otra fuente de poder, volcar la experiencia a una nueva actividad, podría ser una organización sin fines de lucro o desarrollar un nuevo negocio.

Es fundamental que el empresario pueda tener certeza de que la empresa no será una herencia que se distribuirán los herederos, sino que ellos recibirán un legado que cuidar y hacer crecer para las próximas generaciones.

La empresa fuerte de hoy, puede ser incluso mejor con el aporte de las ideas de la nueva generación que ingresa con entusiasmo y motivación, pero para ello se debe trabajar coherentemente con un Plan de Negocios a largo plazo, del cual todos participan y declaran aceptar porque tienen en claro cómo desarrollarlo desde las distintas áreas del plan estratégico y del plan financiero.

Esto permite a la empresa ser un ente distinto al dueño, deja de ser la “empresa de Juan” para tener una vida propia como persona jurídica regida por procedimientos respetados para llegar a sus propias metas. Estos cambios son cruciales para que el cocodrilo siga gozando del prestigio de su fortaleza indiscutible, no dejes que se duerma, el mercado y tu competencia están esperando que eso suceda. Sigamos Hablando de Dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

Gloria Ayala Person

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Terra

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